domingo, 17 de enero de 2016

YO Y MI CORAJE


Llega el invierno y llega porque quiero,
en la herrumbre fatal del mediodía,
reintegrarme a la senda del lucero,
más allá de la vana profecía.

Y no importa si hay bruma o aguacero.
Lo agreste de la vasta geografía
no alcanza, en su zarpazo, todavía,
a detener mi vuelo aventurero.

Quiero un extenso mar que me deslumbre
y los rayos de un sol, casi salvaje,
que rompan, su murmullo, en el lenguaje.

Y quiero más, aún, la certidumbre
del indecible fruto: al amaraje,
saber que somos dos: yo y mi coraje.

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