Con el sudor fatal de mi talento
aprendí a practicar mis convicciones,
A estar presente, siempre, en las funciones
sin disfrazar de risas, el lamento.
El centro de la nada. Los rincones
marañas del olvido por sustento
A la orilla del sueño, en un momento
fracasaron las buenas intenciones.
El corazón furtivo en el espejo
detrás de las tinieblas más cerradas
las promesas cayeron en cascadas
Promesas convertidas en reflejos.
Las palabras, también, son trastos viejos,
luce la duda oscura en la mirada
No hay comentarios.:
Publicar un comentario